53 Muestra Internacional de cine en Xalapa
El Sartre del cine mexicano, Arturo Ripstein - con su habitual terquedad para los excesos asfixiantes- reúne un microcosmos (el edificio de departamentos) de seres dolidos no contra el destino - el futuro hipotecado por el azar- sino con el presente. Si atendemos el verso de Octavio Paz que “el presente es perpetuo”, Emilia se ajusta a su premisa irreductible: el hoy es el perenne infierno donde el desamor (Javier/ Plutarco Haza, su marido, es una de las aristas de su derrota interior), el erotismo (su pasión por el saxofonista Nicolás/ Vladimir Cruz), las vicisitudes del dislate del albedrío agobiado (con su vecino gandul/ Alejandro Suárez y el fumigador/ Carlos Chávez), su sobada incapacidad maternal y la opresión de las deudas económicas, trazan el sístole y diástole del derrumbe de Emilia hasta su fatal desenlace.
A diferencia de La virgen de la lujuria donde se velaba una rendija de ternura en Nacho (Luis Felipe Tovar) por la prostituta Lola (Ariadna Gil), en Las razones del corazón Ripstein no da lugar a ese sentimiento, el tono monocorde de su melodrama irrespirable destella atmósferas lúgubres, con personajes que construyen un mundo donde la desesperanza es quizá la única alternativa vital en medio de un diseño de teatralidad y preciso fluir fílmico.
Si para Juan Rulfo “hay esperanza a pesar nuestro”, para Ripstein no la hay. Tal vez por ello su cine contenga, con todo y diálogos a veces manieristas, una dimensión bastante humana…

0 comentarios:
Publicar un comentario